Roberto Ferrari · CC BY-SA 2.0
La ocupación de esta zona se remonta a épocas prehistóricas y romanas. La función de Salzburgo como centro religioso de la región alpina se consolidó entre finales del siglo VII y comienzos del siglo VIII. La fundación de la abadía de San Pedro y del convento de Nonnberg, junto con la creación del obispado, dio a la ciudad una identidad sagrada duradera. Durante la Edad Media, el centro se desarrolló como una ciudad burguesa compacta, con callejuelas estrechas, parcelas pequeñas y edificios muy próximos entre sí. Ese trazado todavía puede observarse en los barrios civiles: las fachadas estrechas se orientan hacia la calle, las ventanas se hacen más pequeñas en los pisos superiores y algunos pasajes atraviesan las casas para conducir a patios interiores.
A finales del siglo XVI comenzó una transformación decisiva. El príncipe-arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau quiso reorganizar Salzburgo según los modelos del Renacimiento italiano y del primer Barroco. El arquitecto Vincenzo Scamozzi influyó en las primeras etapas, y Santino Solari contribuyó después a definir el aspecto monumental de la ciudad. El resultado es un centro donde las grandes plazas ceremoniales y las fachadas religiosas imponentes conviven con calles comerciales densas y casas burguesas de escala más reducida. La Domplatz, la Residenzplatz y la Mozartplatz muestran el carácter representativo del poder de los príncipes-arzobispos. Los mercados históricos y las calles estrechas conservan, en cambio, la escala cotidiana del comercio, la residencia y la actividad urbana.
El núcleo arquitectónico del centro está formado por la catedral de Salzburgo, la Residencia, la iglesia franciscana y la abadía de San Pedro. Estos edificios, relacionados mediante la Domplatz, patios y pasajes porticados, muestran cómo la autoridad religiosa y el gobierno de la ciudad quedaron incorporados al diseño urbano. La fachada barroca simétrica de la catedral, su gran cúpula y sus elementos escultóricos deben contemplarse junto con el espacio abierto que tiene delante. Las salas ceremoniales y los patios de la Residencia recuerdan la función administrativa y representativa de los príncipes-arzobispos. La abadía de San Pedro conserva la memoria de la tradición monástica y de su influencia en la formación cultural de Salzburgo. Sobre este conjunto se eleva la fortaleza, mientras las torres y cúpulas de las iglesias forman el perfil reconocible del centro histórico.
En la Getreidegasse, los detalles se vuelven más cercanos. Los letreros de hierro forjado, las entradas decoradas, las inscripciones, las fachadas variadas y las casas pasantes muestran cómo el comercio se integró en una calle medieval estrecha. El número 9 está relacionado con Wolfgang Amadeus Mozart, nacido allí en 1756. Su presencia otorga al centro una importancia musical singular, que también se percibe en sus iglesias, plazas y espacios históricos vinculados al desarrollo de la vida musical de Salzburgo. El valor universal del lugar reside en la conservación conjunta de edificios religiosos y civiles, en el intercambio entre las culturas italiana y germánica y en la continuidad de un paisaje urbano formado desde la Edad Media hasta los siglos XIX y XX. Observe el contraste entre las plazas principescas abiertas y las callejuelas burguesas, y después la relación entre cúpulas, torres, fortaleza y colinas. Esa composición equilibrada constituye la identidad visual del centro.